Mujeres primera generación en la universidad

14/5/2026
Acceso, permanencia y culminación

Este dato es relevante porque ingresar a la universidad no garantiza, por sí solo, condiciones equivalentes para permanecer, avanzar y culminar los estudios. En el Perú, la participación de las mujeres en la educación superior ha crecido, pero persisten desafíos vinculados al acceso, la permanencia y el soporte al progreso académico. Un estudio de Chávez (2023) sobre género y educación superior plantea precisamente la necesidad de mirar no solo la presencia de mujeres en la universidad, sino también las condiciones institucionales que acompañan sus trayectorias.

En esa línea, Reátegui (2023) muestra que, para jóvenes de primera generación en Lima Metropolitana, la transición de la secundaria a la universidad puede ser vivida como un momento en el que se afirman desigualdades previas, pero también como parte de un proyecto familiar y personal de movilidad. Su estudio identifica barreras como la formación escolar desigual, el desconocimiento del mundo universitario y la toma de conciencia sobre circuitos educativos a los que no siempre se puede acceder; pero también recursos como la preparación preuniversitaria, decisiones educativas orientadas por la sostenibilidad económica y apoyo familiar.

La evidencia internacional coincide en que las personas estudiantes de primera generación suelen enfrentar más obstáculos asociados al tiempo disponible, las responsabilidades familiares, el trabajo, las dificultades económicas y el sentido de pertenencia institucional (Costello et al., 2018). En el caso de las mujeres primera generación, estos desafíos pueden intensificarse durante la adaptación a los códigos, normas y expectativas universitarias (Laajala-Lozano & Jenkins, 2022).

Frente a ello, algunas medidas efectivas, incluyen fortalecer estrategias de acompañamiento académico, tutoría, mentoría entre pares, orientación sobre servicios disponibles, apoyo económico y seguimiento de trayectorias. La evidencia sobre programas de retención muestra que estos apoyos pueden contribuir a mejorar la persistencia y culminación de estudiantes de primera generación y de bajos ingresos (Sawyers, 2011).

Abordar la experiencia de las mujeres de primera generación exige ampliar la forma en que la universidad entiende el acceso. Desde la gestión universitaria, no basta con abrir oportunidades de ingreso: es necesario acompañar las trayectorias, anticipar barreras y generar condiciones institucionales que favorezcan la permanencia y la culminación.

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